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18 nov. 2009

LA MUJER MORISCA EN EXTREMADURA ( MÁRTIR Y MARTIRIZADA)

FERMÍN MAYORGA

Las investigaciones sobre minorías étnico-religiosas en Extremadura, manifiestan en los últimos años un interés creciente por profundizar en el conocimiento de cuestiones diversas relacionadas con la vida privada de sus individuos, de sus familias y de sus comunidades. Este interés parte del convencimiento de la imperiosa necesidad de penetrar en la vida íntima de estos grupos minoritarios para llegar a comprender, auténticamente, el papel que desempeñaron en el seno de la sociedad mayoritaria en la que se integraban. Este trabajo intenta abordar dentro de esta coyuntura histórica, la realidad vivida en el seno de las familias moriscas extremeñas, dándole un claro protagonismo al miembro más vilipendiado, la mujer morisca. Analizaremos los aspectos que hacen referencia respectivamente, a la vida en el núcleo familiar y al ciclo vital, acompañado siempre por importantes celebraciones que marcan las diferentes etapas de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte.
La religión constituía un principio fundamental en el sistema de valores y de creencias de los moriscos extremeños, para quienes la religión no sólo era la principal referencia y guía de su actividad cotidiana, sino que además, actuaba como un importantísimo elemento de cohesión que les permitía conservar su identidad en el seno de la sociedad cristiana, evitando con ello, su disolución como grupo social propio y diferenciado. Para poder llevar acabo esta misión en una sociedad mayoritariamente seguidora del crucificado, había que correr algunos riesgos que a veces suponía no solo el suplicio de quienes practicasen ciertos ritos o ceremonias mahometanas, sino incluso la muerte.
En el siglo XVI y XVII épocas en las que centraremos el trabajo, la Inquisición de Llerena iba a ser la encargada de velar por los valores de la religión mayoritaria, crucificando todo aquello que desprendiera un cierto tufillo a herejía. Se había creado con estos mecanismos inquisitoriales, una guerra fraticida entre dioses, el campo de batalla, los pueblos y ciudades de Extremadura. Los soldados del crucificado en esta cruzada tenían una misión muy clara, “destruir a los seguidores de Ala”, empleando para ello, las armas de la denuncia, prisión, torturas, y en algunos casos, la muerte del seguidor de la secta de Mahoma en las piras de Llerena.
Mientras esta realidad era puesta de manifiesto a través de los edictos de fe lanzados desde los pulpitos de las Iglesia extremeñas, los moriscos, conocedores de dichas normas, iban a mantener su religión a escondidas de los ojos de los cristianos. Sus casas se iban a convertir en verdaderas mezquitas, lugar donde el Alfaquí siempre disfrazado de mercader, acudiría en cierto tiempo a recordar las fiestas a celebrar, así como, a desbautizar y bautizar en nombre de Ala, circuncindar, y sobre todo, mantener viva la llama de la espiritualidad islámica en dichas tierras extremeñas. En todas estas reuniones clandestinas, la mujer morisca va a jugar un papel importantísimo, ya que ella, va a ser la encargada de educar y trasmitir los valores de la religión perseguida, y como tal, la que correría mayores riesgos de persecución.
Las estructuras de la vida religiosa de los moriscos extremeños se conservaban en la intimidad de los hogares, en los cuales, la mujer desempeñaba un papel importante como mantenedora de la tradición, costumbres y ritos, y sobre todo, como trasmisora de unas enseñanzas. Siguiendo el ritmo de los procesos inquisitoriales contra moriscos, nos damos cuenta que el mayor número de reos condenados por el tribunal de la Inquisición de Llerena son mujeres. Es muy frecuente observar en los procesos, que el acusado haya aprendido las prácticas islámicas de un miembro femenino de su familia, con lo cual, se demuestra, que el papel de la mujer morisca era vital para el mantenimiento de su fe. En este trabajo vamos a conocer mujeres moriscas que pertenecen a distintas comunidades extremeñas, Mérida, Villanueva de la Serena, Hornachos, y Cañamero. Mujeres que sufrieron en sus carnes el escarnio cruento del Santo Oficio extremeño solo por pensar de forma diferente, y defender la cultura que sus antepasados extremeños les habían trasmitido.
Conociendo afondo el mundo de los moriscos extremeños, tengo que decir, que leyendo el trabajo de Menéndez Pelayo “Los Heterodoxos Españoles” quedé sorprendido cuando éste dice en la página 363 de su libro, que el Santo Oficio trataba a los moriscos “con extraordinaria benignidad sin imponerles la pena de relajación ni confiscación de bienes”. Nada de eso es cierto, o Menéndez Pelayo era un defensor a ultranzas de la Inquisición, o no sé que legajos o manuscritos utilizó para decir tal barbaridad. Los moriscos extremeños condenados por la Inquisición fueron castigados duramente, a todos se le confiscaban sus bienes, y prácticamente casi todos fueron atormentados, y algunos de los condenados quemados en la hoguera.
Adentrémonos en tan apasionante espacio histórico, y demos paso a las verdaderas protagonistas de esta pequeña historia, las siempre firmes en su fe mujeres moriscas de Extremadura. Ellas quieren gritar, dar a conocer lo ocurrido en tiempos de represión e intolerancia, quieren ser la denuncia viva que hasta ahora ha estado oculta y amordazada. Mi misión es proporcionarles ha dichas mujeres un espacio, darles una lanzadera para que su trágica historia no quede en el olvido, y sobre todo, que este trabajo cumpla la misión de estas jornadas, divulgar una realidad histórica de Extremadura contada sin perjuicios.

TORTURADAS EN NOMBRE DEL CRUCIFICADO
Nuestra primera mujer morisca a conocer es vecina de Mérida, su nombre Lucía Venegas joven de 24 años, va a sufrir en su cuerpo el escarnio de la tortura, duros suplicios que ponen en evidencia la poca o nula misericordia de la Iglesia de la época. El documento a presentar es su propio proceso inquisitorial, la eficacia de las torturas practicadas por la Inquisición hacían que las victimas delatasen hasta sus propios familiares. El potro era uno de los elementos más comunes de tortura así como la toca y los estiramientos de extremidades. ¿Quién no oyó alguna vez hablar del potro? Fue un horrible elemento de tortura, ya que esta terrible maquina lograba que los reos confesaran acciones en las que incluso no habían participado. El potro consistía en una rueda de 2 m. de diámetro, en la que era apoyado el reo en el contorno de su perímetro y atado de pies y manos por unas cuerdas que eran tensadas por medio de un torno. Ante las preguntas del Tribunal y obteniendo respuestas desfavorables, se iba tensando progresivamente las cuerdas para infligir dolor sobre el reo, en muchos casos se llegaba incluso a la dislocación de las extremidades.
La toca era otro de los elementos más comunes de torturas empleados por la Inquisición de Llerena, siempre decimos que el agua es vida, pero los verdugos del Santo Oficio se encargaron de convertirla en martirio asfixiante. La tortura del agua o toca, consistía en poner un paño húmedo en la garganta del reo al mismo tiempo que se le destilaba agua por la boca y la nariz, para finalmente con dicha acción cortar las vías respiratorias. En muchos casos se les ponía un embudo en la boca, y con dicha pipeta, se les hacia ingerir grandes cantidades de agua o vinagre hasta casi reventar. Conozcamos un documento del Tribunal de la Inquisición de Llerena que dice lo siguiente al respecto de este método de tortura.

“En el mes de marzo de 1565 el licenciado Martín Villar, Inquisidor ordinario y visitador de los Inquisidores, realiza el interrogatorio correspondiente a una “visita de la Inquisición” donde se inquiere por todos los aspectos referentes al funcionamiento del tribunal de distrito de Extremadura con sede en Llerena. En el mismo se refiere un problema al que se pondrá solución y que textualmente se relata así. “...Han dado tormento rigurosos y con nueva manera de vinagre fuerte de que han quedado muchos de los atormentados harto apasionados, roncos, dañada la garganta y pechos, y una mujer vieja murió dentro del tercer día después de atormentada. Se puede sospechar que la mato el mucho vinagre que la hicieron beber en el tormento, pues murió tan en breve estando antes sana”

Dejamos estos evidentes movimientos de torturas por parte de la Inquisición, y nos vamos a conocer el expediente de la mujer morisca de Mérida.

LUCIA VENEGAS. Mujer de Lorenzo Hernández arriero, de los repartidos en la ciudad de Mérida, de 24 años de edad, fue testificada por seis testigos varones de la observancia de la secta de Mahoma, entre ellos su marido, el cual declaró en el tormento que en la propia casa de la rea se hacían juntas de moriscos, donde un Alfaquí enseñaba la dicha secta. En una de ellas se encontró la rea, se le nombró curador con cuya asistencia y consejo se hizo su causa, fue votada a tormento el cual se ejecutó, se le dieron cinco vueltas de cordel puesta en el potro. Comenzándola a ligar le sobrevino un gran temblor y quedó fría, el médico dijo que no se podía seguir la tortura, la cual por esta causa se suspendió con protesta de continuarla como lo haremos, ya que esta rea está muy testificada. Vista en consulta con el ordinario se votó a que salga al auto público de fe en forma de penitente con sambenito de media aspa y coroza, abjure de vehementi, y esté en la cárcel de la penitencia por tiempo de 4 años, le sean confiscados sus bienes y pague 100 ducados para gastos del Santo Oficio.

Si el caso de Lucía Venegas es lo suficientemente claro para verificar, la no benignidad tenida por la Inquisición para con la mujer morisca en Extremadura, nuestra siguiente condenada supera con crece el grado de sufrimiento infringido por el Santo Oficio a un ser humano. María López vecina y conocida de la anterior rea va a sufrir no solo la tortura en el potro, sino que además, va a convertirse en una mártir para los de su grupo, la venerada, la mujer que muere en nombre de Ala, esto es lo que cuenta de ella su proceso.

MARÍA LÓPEZ TEJEDERA. Mujer de Alonso Hernández aguador, natural de Torcuar en el Reino de Granada, vecina de Mérida de 40 años de edad, fue testificada de la observancia de la secta de Mahoma por 16 testigos, seis varones el uno de ellos su propio marido, y otro de los testigos un sobrino suyo hijo de una hermana. La acusan de muchos actos, ceremonias y ritos de la dicha secta, fue votada a tormento venciendo el mismo, después le sobrevinieron más testigos que son el resto que suman dieciséis. Hubo mucha contestación de tres y cuatro testigos, los cuales, siendo reducidos a orden, encontramos en sus declaraciones siete clases de ritos y actos diferentes de la misma secta. Estuvo negativa por todo el discurso de su causa, vista en consulta de fe con el ordinario se votó a que en auto público de fe salga con insignias de relajada a la justicia y brazo seglar, fuese puesta a tormento “in capuz alienun”, y vista su causa por VS, nos mandó en carta de 7 de julio de este año hiciésemos justicia con la rea como teníamos acordado. Se ejecutó el tormento y siempre persistió en su negativa. Se ejecutó la sentencia, siendo quemada viva.

“Tormento in caput alienum: Era el empleado para que un reo declarase como testigo en un proceso ajeno. Solamente se empleaba, cuando el reo se negaba a informar sobre los hechos que los Inquisidores por el resto de pruebas que tenían reunidas daban por seguro que aquél conocía”

Fueron varias las mujeres moriscas quemadas por no renunciar a su fe, y sobre todo, por no haber denunciado bajo tortura a ningún miembro de su familia. El ejemplo de María López Tejedera es contundente, mientras ella va a ser denunciada por su propio marido y un sobrino de la misma “siempre bajo tortura”, a María nuestra protagonista, no le sacan durante su particular calvario denuncia de ningún familiar. Cuando la Inquisición de Llerena condena a esta morisca con el tormento “in capuz alienun” la razón del mismo es, la de que la rea delate a familiares de ella para de esa forma, poder acabar con la “cizaña” religiosa de dicha familia y que la simiente islámica no se propague en territorio extremeño. Conozcamos el siguiente caso,

ELVIRA DE GODOY. Morisca, mujer de Hernán Sánchez mercader, vecina de la ciudad de Mérida, de 40 años de edad, tuvo tres testigos varones menores de 25 años y mayores de 20 que la acusan de actos y comunicaciones de moros. Se le dio en público las declaraciones de los reos y la rea negó las mismas, fue votada a tormento y le sobrevino otra acusación de su propia hermana de ser seguidora de la secta de Mahoma, continuando la rea en su negativa. Se concluyo su causa y se votó a ser quemada en la hoguera, y visto por VS mandó que se ejecutase la sentencia y habiéndosele dado tormento in capud alienum, se ejecutó.

MARIA HERNANDEZ. Morisca vecina de Villanueva de la Serena, mujer de Álvaro de Mendoza, de 35 años de edad, fue condenada por varios testigos cómplices entre ellos su marido de practicas de la secta de Mahoma. Fue condenada a la hoguera.

ISABEL DE CABRERA. Madre del dicho Melchor de Córdoba, de 60 años de edad, fue testificada por tres testigos entre ellos su hijo, de ritos de la secta de Mahoma. Acudía a las juntas del Alfaquí de la casa de Luis García al que llaman el “Caychate”. Fue condenada a la hoguera.

ELVIRA DE GODOY. Vecina de Villanueva de la Serena, fue condenada como la anterior rea. Relajada, quemada viva.

LEONOR GARCÍA. Mujer de Mingo de Azedera pastor, vecina de Cañamero, de 48 años de edad, fue testificada por siete testigos contestes de la complicidad de la secta de Mahoma. La rea negó todas las acusaciones que los testigos decían contra ella, conclusa su causa se votó a ser quemada en la hoguera, se le confiscasen sus bienes, y antes en la cámara del tormento se le diese tormento in capud alienum, y vuestra señoría mandó se hiciese justamente, se ejecutó el tormento y lo venció, fue quemada en la hoguera.

El alcalde de Hornachos D. Juan de Chaves decía lo siguiente de las mártires de Ala.
“A las personas que han sido penitenciadas por el Santo Oficio, los honran particularmente, quedando infames los condenados, los estiman más, y los tienen por santos de su perversa secta. A los presos que han sufrido tormento o castigos en las cárceles secretas de la Inquisición, les dan honor y premio, y esto lo vemos todas las veces que hay ocasión”.

Algunas mujeres como el caso de nuestra siguiente protagonista, es capaz de aguantar el tormento y con ello creer que todo lo tiene declarado. La Inquisición a la vista de las testificaciones de los testigos, conocía perfectamente las ceremonias y prácticas islámicas vividas por los reos. Cuando alguno no declaraba en la primera tortura todo por lo que había sido acusado, el Santo Oficio le propinaba una nueva sesión de tormento. Eso fue lo que le ocurrió a Isabel de Archidona madre de la primera rea, que ante el terror de los dolores infringidos en la sesión de potro, la misma, delató a muchos moriscos de Mérida. Eso sí, la rea era una anciana de 70 años de 1604, y la siempre longeva misericordia que predicaban dominicos y franciscanos pilares de la Inquisición, hacia mutis por las escaleras de la cámara del tormento.

ISABEL DE ARCHIDONA. Alias “Bolatia la Carca”, viuda de Benito Venegas, trabajador natural de la ciudad de Granada y de los moriscos repartidos en Mérida, madre de Lucía Venegas, de 70 años de edad. Fue testificada por seis testigos varones uno de ellos yerno de la rea, de la observancia de la secta de Mahoma, la misma asistía a las juntas que un Alfaquí hacía en la casa del yerno de la dicha rea. Estuvo negativa por el discurso de su causa, fue votada a cuestión de tormento hasta darle cuatro vueltas de cordel en el potro, se suspendió la tortura y al día siguiente se le volvió a dar nuevamente tormento. Se le dio una vuelta de cordel en los brazos y comenzó a declarar de sí y de otras personas, confesó haber estado en la secta de Mahoma por tiempo de seis años. Fue condenada en auto público de fe a ser reconciliada, confiscación de bienes, hábito y cárcel perpetua.

Terrible tragedia la de “Bolatia la Carca”, saquen sus propias conclusiones.

La mujer morisca va a ser la mejor catequista de la familia, ella enseñará a sus pequeños los ritos y ceremonias de su amada y perseguida religión, exponiéndose con ello a su mayor tragedia, la denuncia. Los ritos más repetidos y por los que van a ser acusadas nuestras siguientes protagonistas, van a ser el Guadoc, la Cala y el Ramadán.
El ayuno del Ramadán es sin ningún género de dudas la práctica religiosa más tenazmente anclada en la vida de un cristiano nuevo y universalmente guardada por todos. Se podría afirmar que es el último rasgo musulmán en perderse: se encuentra en personas que por lo demás dan muestras de estar casi totalmente integradas al cristianismo. Además de práctica religiosa, llega a convertirse en un rasgo de diferenciación cultural, que imprime carácter peculiar a la persona que lo guarda.
Tal y como lo describen los procesos, el ayuno del Ramadán consiste esencialmente en abstenerse de comer, beber y guardar continencia desde el alba “hasta la noche salida la estrella”, durante todo el mes del mismo nombre. Es precisamente su carácter negativo y de abstención, así como su carácter comunitario, lo que le convierte en la práctica islámica más arraigada, y por tanto el rito más diferenciador
La ablución ritual, llamada en los procesos “Guadoc” o “Alguadoc” era práctica tan frecuentemente guardada y significativa como el Ramadán.
Se hacía el “Guadoc” los viernes y en las pascuas y festividades del año. Había de preceder también obligatoriamente a la primera oración al amanecer de cada día. Se hace “lavando primero las manos, luego las partes bajas, luego el brazo izquierdo de la mano al codo, después el izquierdo, luego todo el lado derecho, luego el izquierdo, y las partes vergonzosas y las piernas, cara, boca, ojos, narices y cabeza echando agua por los hombros y las espaldas y después se frotaba con un trapo y se ponía su camisa limpia”. El agua para la ablución ritual debía ser limpia, sin sabor, olor ni color. No debía hervirse ni calentarse al sol. Sin embargo, cuando se trataba de un cristiano nuevo, todo lavatorio se consideraba ritual y, por tanto, acto herético. Nunca se aceptaba que un morisco se lavara únicamente por limpieza. Incluso cuando no fuera un rito se consideraba que era un acto ejecutado con una intención religiosa.
La oración de la “Cala” o “sala”, es la práctica religiosa, junto con las dos ya mencionadas, que más frecuentemente aparece en los procesos. La “zala”, se hacía:

“de pies en un pozal la cara hacia alquibla que es hacia donde sale el sol, abiertas las palmas de las manos le decía que había de bajar y alzar el cuerpo cinco veces a cada acora que se decía y, que la primera azora bajaba dos veces el cuerpo y besaba en el pozal y la segunda vez bajaba cuatro veces y la tercera otras cuatro y, la cuarta vez tres veces y la quinta vez cuatro veces y que estas calas, decía el dicho de su marido, que a la primera llamaban alcaque, a la segunda adogar, a la tercera alacer, a la cuarta almagre y a la quinta alatima”.

MARÍA DE MOLINA. Llamada la Vieja de Alcantarilla, viuda de Lorenzo Alcalde, vecina de Mérida de 50 años de edad, fue testificada por catorce testigos seis varones uno de ellos su hijo y dos de las mujeres sus nueras, de la observancia de la secta de Mahoma. Fue acusada de haber practicado las ceremonias del Guadoc y la Cala, y haber casado a sus dos hijos por la ley de los moros. Fue votada a cuestión de tormento, y el Inquisidor D. Bartolomé Jiménez de Cariacedo fue de parecer que fuese quemada. Enviamos el proceso a VS en carta diecinueve de mayo de 1599. Mandó se le volviese a dar tormento y declaró en el mismo a dos de sus hijas, no satisfecho el tribunal con la declaración, se volvió a llevar otro día a la cámara del tormento donde se la desnudó. Prosiguió en sus confesiones y declaró haber estado en la observancia de dicha secta por tiempo desde 1583, fue votada a que salga en auto público de fe, sea admitida a reconciliación, se le confisquen sus bienes, hábito y cárcel perpetua.

El desnudar a una mujer morisca delante de hombres, era una de las mayores torturas humilladoras que se le podía hacer, con ello, la Inquisición sicológicamente mermaba las estructuras mentales de las mismas y violaba uno de sus mayores preceptos religiosos. Desnudarse en la época que estamos tratando, siglo XVI y XVII, se relacionaba con la condición de mujer sometida al hombre –esclava o prostituta-, y en la mujer morisca, violar uno de sus mayores tesoros “El Corán”. El Corán insta a los hombres y a las mujeres creyentes a bajar su mirada y a guardar su modestia, exhortando a las creyentes a que extiendan el velo hasta cubrirse el cuello y el pecho:

"Di a los creyentes que bajen la vista con recato y que sean castos [...] Y di a las creyentes que bajen la vista con recato, que sean castas, que cubran su escote con el velo y no exhiban sus adornos sino a sus esposos, a sus padres, a sus suegros, a sus propios hijos, a sus hijastros, a sus hermanos, a sus sobrinos carnales...[...]" (Corán 24:30-31).

El Corán deja bastante claro que el velo u otros ropajes son esenciales para la modestia, pero ¿por qué es importante la modestia? El Corán aún lo aclara más: "Profeta, di a tus esposas, a tus hijas y a las mujeres de los creyentes que se cubran con el manto. Es lo mejor para que se las distinga y no sean molestadas..." (Corán 33:59).

La inquisición lo sabia, y por ello, lo ponía en practica con todas sus consecuencias, violar ante la seguidora de Mahoma uno de los mandatos de su profeta, era una victoria para el Santo Oficio, y para la ultrajada, una tragedia más en su ya difícil y calvarica vida en su tierra de nacimiento o residencia, Extremadura.
Nuestra siguiente penitenciada va a ser condenada por haber practicado los mismos ritos que la anterior rea, esto es lo que dice su expediente.

MARÍA GONZÁLEZ. Mujer de Zacarías Hernández, mayordomo, labrador natural de Algarrobo en la hoya de Málaga, vecina de Mérida de 44 años de edad, fue testificada de la observancia de la secta de Mahoma. Fue votada a tormento dándosele dos vueltas de cordel, confesó y testificó algunas personas declarando de sí que había estado en la observancia de la secta por tiempo de cinco años. Confesó que una morisca Toledana le había enseñado como hacer el Guadoc y la Cala para poder ganarse el cielo, vista en consulta por el ordinario se votó sea admitida a reconciliación en forma, se le confisquen sus bienes, hábito y cárcel por un año.

Una de las torturas de las que hemos hablado en este artículo es la conocida con el nombre de “La Toca”, en los legajos aparece como la del jarrillo por aquello de verter el recipiente en la garganta del reo. Conozcamos a una mujer morisca que va a ser torturada de varias formas, será puesta en el Potro, y no satisfecha la Inquisición con su declaración la someterá a la tortura de la toca, donde el agua va a ser la terrible pesadilla de la rea.

SABINA GONZÁLEZ. Mujer de García de Mendoza, curtidor natural de El Valle en el Reino de Granada, vecina de la ciudad de Mérida siendo de 50 años de edad, fue testificada por tres testigos mujeres de la observancia de la secta de Mahoma. Se votó a cuestión de tormento, y queriéndola desnudar los ministros, comenzó a confesar de sí y denunció a otras personas. Como no se satisfacía con la declaración que hizo, se le siguió torturando, se le dieron tres vueltas de cordel en los brazos y de allí fue al potro donde siendo ligada se le dio un jarro de agua, y apretado el molledo del brazo derecho se amorteció. Se suspendió la diligencia del tormento, y la rea declaró haber estado en la observancia de la secta de Mahoma con creencia e intención por tiempo de cuatro años, fue votada a salir a auto público de fe, sea admitida a reconciliación, se le confisquen sus bienes, hábito y cárcel perpetua.

El miedo que engendró la Inquisición a través de la tortura es innegable, muchas mujeres solo con ver que iban a ser desnudadas para inmediatamente ser puestas en los elementos de torturas, comenzaban a pedir audiencia para declarar. Conozcamos algunas de estas moriscas que, al bajar a la cámara del tormento y ver la maquinaria preparada para su particular suplicio, pedían poder declarar para con ello evitar el tan terrible momento.

INÉS HERNÁNDEZ. Mujer de Gaspar de Molina, jabonero y espartero vecina de la dicha ciudad de Mérida, y de la misma complicidad que los anteriores reos, de 26 años de edad. Fue testificada por trece testigos siete varones de la dicha secta de Mahoma, comenzó a confesar luego que le fue leída la acusación, no declaró todo por lo que se le acusaba. Los testigos que son de la misma complicidad que la rea, cuentan, que en la casa de la misma se juntaban a las pláticas que el dicho maestro hacía de las cosas de la secta de Mahoma. También se acusó a él marido de la rea de que era alfaquí, declaró la dicha Inés haber estado en la secta con creencia e intención desde el mes de abril del año 1596. Visto que esta había dado un gran principio para que de todo punto se descubriese la dicha complicidad, conclusa su causa se votó que en auto público de fe y no habiendo auto próximo, en una Iglesia fuese admitida a reconciliación con confiscación de bienes, y le fuese quitado el hábito penitencial, después de lo cual, antes de ejecutarse estos votos le sobrevinieron otros testigos. La acusaron de nuevo de cosas de mucha consideración las cuales la rea negaba con mucha dificultad, se la conmino a tormento hasta ponerla en la silla sin ligarla y comenzando a desnudarla, prometió decir la verdad. Y en aquella audiencia y siguiente confesó, satisfizo y declaró haber estado en la creencia de la secta de Mahoma desde el año de 1588, y vista en consulta de fe con el ordinario se votó, que en auto público de fe sea admitida a reconciliación en forma, se le confisquen sus bienes, hábito y cárcel perpetua.

Poco a poco vamos comprobando a través de los documentos, que la dureza de la Inquisición en Extremadura fue una realidad evidente. Hay personas que dicen y han dicho, que el tema de la Inquisición es pura leyenda negra, y que la Inquisición Española fue una de las menos agresivas de Europa. Leyenda es todo aquello que no está documentado, y la forma de llegar a la sociedad es a través de la palabra oral o escrita. Personalmente pienso que el tema de la Inquisición no es así, ya que los documentos están, y ante esa realidad, la leyenda desaparece. Los procesos hablan por sí solos, y sino, veamos lo que les ocurrió a nuestras siguientes atormentadas, donde la veracidad de sus actas inquisitoriales es un hecho incontestable.

MARÍA DÍAZ. Vecina de Mérida, de 30 años de edad, mujer de Luís Hernández, reo que abjuró de vehementi y dicho esposo está en las galeras, fue testificada por un testigo mujer cómplice como la rea de la secta de Mahoma. Como tal, la vio ayunar y sabía que hacía los demás ritos y ceremonias porque así se lo decía la reo, se prendió con secuestro de bienes y se hizo con ella su causa. Le sobrevinieron dos testigos más cómplices de la rea, de haber ayunado en el mes del Ramadán, y hacer otros ritos comunes de los moriscos. La rea negó todas las acusaciones y por ello fue puesta a cuestión de tormento, a la segunda vuelta de cordel se le quebró un brazo suspendiéndose la tortura. Queriéndola continuar al cabo de ocho meses, se mandó al médico cirujano la visitase y viese si tenía sanos y recios los brazos para sufrir en ellos algunas fuerzas. El Médico hizo buena relación y así se continuó la diligencia, y comenzando a dar y apretar la primera vuelta de cordel, el mismo brazo se volvió a sentir. Se suspendió la tortura y la rea fue votada a salir en auto público de fe, abjurase de vehementi, y estuviese en la cárcel de la penitencia por tiempo de dos años. Y pagase veinte mil maravedíes para gastos de este Santo Oficio.

La cárcel de la penitencia, amen de ser una prisión para mujeres y hombres siempre separados en distintos departamentos, era por antonomasia la cárcel de la evangelización. También se la conocía como cárcel de la piedad o de la misericordia, solía estar fuera de la casa del tribunal, procurando según los documentos, que sea contigua a esta o lo más cerca posible. En ella las mujeres tenían que aprender el catecismo cristiano con sus oraciones y ritos, trascurrido un tiempo, los encargados de evangelizar a dichas mujeres conversas tenían que remitir carta de la evolución del adoctrinamiento de las mismas y lo aprendido. El documento que presento a continuación es una prueba evidente de esta realidad histórica, donde la insertación del cristianismo en las mentes de las mujeres moriscas o judaizantes se fraguaba en dicho recinto penitencial.

“Nosotros los padres calificadores Sancho de Pedrosa de la Compañía de Jesús y fray Juan de Sotomayor de la orden de Santo Domingo, de orden y mandato del Tribunal del Santo Oficionde la Inquisición, hemos examinado en la doctrina cristiana las personas siguientes que están en la cárcel de la penitencia de esta ciudad de Llerena.

1-María Núñez, mujer de Francisco Rodríguez Buenafuente vecina de Trujillo, sabe bien la doctrina cristiana.
2- Violante Núñez hermana de la anterior rea vecina de Trujillo, sabe de memoria la doctrina y es incapaz de saberla mejor.
3- María Báez vecina de Almendralejo, sabe bien la doctrina cristiana.
4- Doña Francisca de Silva, mujer de Antonio de Espinosa vecina de Mérida, respondió con poco entendimiento y algo de nerviosismo.
5- Beatriz López, mujer de Francisco López vecina de Campanario sabe bien la doctrina cristiana.
6- Catalina Gómez moza soltera vecina de Mérida sabe bien de memoria la doctrina cristiana y lo más principal de ella, lo entiende.
7- Isabel Méndez, viuda vecina de Miajadas, sabe bien la doctrina cristiana,
La totalidad de mujeres sabían bien la doctrina cristiana, en ello les iba la vida, y ante el examen oral de los dichos clérigos, éstos, manifiestan su aprobado ante el dominio de la doctrina por parte de las reas. Otras examinadas fueron:
8- Felipa de Silva, vecina de Plasencia.
9- María de Andrade, vecina de Mérida.
10- María Diarte, vecina de Montijo.
11- Violante Enriquez soltera hija de Melchor de Silva, vecina de Almendralejo.
12- María López, mujer de Francisco Mezquita, vecina de Arroyo del Puerco (Arroyo de la Luz)
13- María de Andrade, vecina de Villanueva de la Serena,
14- Isabel Méndez, mujer de Francisco Rodríguez de los Ríos, vecina de Logrosan.
15. Doña Leonor Chumancero y su hija Leonor González, vecina de D. Benito.
16- Clara Núñez vecina de Cáceres, sabe bien la doctrina cristiana.

Todas estas mujeres las hemos examinado durante seis días junto a otros hombres, todos reos en esta cárcel de la penitencia, así lo declaramos bajo juramento que tenemos hecho en Llerena en 19 de octubre de 1662.

Como podemos observar en dicho documento, la catequesis era la asignatura pendiente para los condenados a dicha pena. Ya en el año 1662 los moriscos estaban expulsados y los que quedaron, más que convertidos, pero el documento es importante, ya que a través del mismo sabemos lo que acontecía en dichas cárceles en tiempos anteriores. Tiempos en que mujeres como la morisca María Día vecina de Mérida en el año 1604 fue condenada entre otras penas a ser encarcelada en la cárcel de la penitencia de la ciudad de Llerena por tiempo de dos años
Nuestra siguiente mujer mal tratada a manos de la Inquisicón va a ser también de Mérida, su caso terriblemente trágico, todo un verdadero sacrificio humano para alagar y ensalzar la figura del crucificado.

LEONOR GONZÁLEZ. Morisca de la ciudad de Mérida, de 36 años de edad, mujer de Bartolomé de Mendoza, cuya relación está hecha, fue testificada por el dicho Juan López de la observancia de la secta de Mahoma. Esta rea vino preñada a las cárceles, y para poner mejor recaudo en la criatura y poder tratar de la salud de la parida, fue sacada de su cárcel y llevada a casa de la ayudante del alcalde de cárceles secretas de este Santo Oficio. Cuando pareció tiempo conveniente fue vuelta a su cárcel, algunos días después enfermó, y aunque la visitaba el médico éste no avisó si tenía o no tenía peligro. El alcalde de cárceles secretas hizo relación en la audiencia de la tarde un día del mes de abril, donde dijo que la rea había muerto en su celda, y que dos compañeras que tenían habían dicho que había expirado a las doce del día. Llamamos al médico y se le hizo cargo de este descuido, diciendo el doctor que la muerte había sido de accidente repentino, debido a una sofocación de calor natural por haber bebido aquél día gran cantidad de agua. Que aquello que le había sucedido le podía suceder a cualquier persona que estuviera buena, y que esta había sido la razón por la que no había dado aviso, porque en los días anteriores no hubo ocasión de peligro. Fueron examinadas sus compañeras de cárcel y declaran con juramento, que la muerte fue repentina y que el médico y alcalde habían hecho bien sus oficios, fue enterrada en los corrales de la cárcel a espera de su auto.

Los reos que morían en las cárceles de la Inquisición eran enterrados en los corrales de estas, como bien dice el documento a espera de auto. Cuando el auto de fe se convocaba siempre en día de fiesta, todos los reos fallecidos en dichos calabozos eran desenterrados y sus huesos puestos sobre jumentos. El día del auto salía la procesión de los reos vivos rumbo a la plaza de Santa María de la Granada, y junto a ellos, las bestias que transportaban los huesos o cadáveres de los muertos en las cárceles y una estatua de cartón con el sambenito correspondiente que representaba al reo fallecido. Cuando el auto de fe terminaba y todas las sentencias de los reos vivos y difuntos se habían leído, los cadáveres de los muertos y las estatuas que les representaban ponían rumbo hacia el quemadero pasando por el callejón de los quemaos, “calle que actualmente en Llerena se mantiene con dicho nombre”, y junto a los cadáveres y esfigies los reos vivos condenados a la hoguera. Una vez situado el pueblo de Llerena en el lugar donde se encontraban las piras de la Inquisición, los condenados a la hoguera eran atados a un palo bajo el cual, las ramas secas de las encinas y la leña de estas esperaban ser prendidas. Cuando el espectáculo comenzaba y la quema de los reos vivos había concluido, los muertos desenterrado como nuestra protagonista morisca y sus estatuas de cartón eran lanzados a la hoguera. Esta realidad de quemar estatuas de cartón no solo se hacía con los muertos en las cárceles, lo mismo ocurría con aquellos reos que habían sido denunciados y no apresados, los fugitivos.
Pero sigamos buscando mujeres moriscas por tierras de Extremadura, hemos conocido a unas cuantas de Mérida y su terrible calvario, y nuestras siguientes mujeres a conocer van a ser las moriscas de Villanueva de la Serena y Hornachos. En Villanueva al igual que en la de Mérida, había una comunidad importante de ciudadanos que seguían las directrices de la religión mahometana. Sus mezquitas eran sus propias casas, lugar donde el resto de la comunidad acudía a la celebración de algún bautizado al que había que desbautizar, casamiento por la ley de Mahoma, o bien acercarse a la casa de un difunto al que habría que enterrar bajo los ritos y ceremonias del Islam. Toda esta realidad clandestina, se mantenía como dijimos al principio gracias a los Alfaquíes. En Villanueva de la Serena los alfaquíes Alfaquí encargados de estos menesteres era Miguel Caychate y Luis García, en la de Mérida un Alfaquí llamado Juan López Uleyles. El primero no fue apresado por la Inquisición porque se fue fugitivo antes de ser cazado, el segundo sufrió la muerte que todo Alfaquí tenía asegurada, la hoguera. De Hornachos que decir, era el seminario, la universidad de donde saldrían Alfaquíes hasta debajo de las piedras, la misión de dichos personajes extremeños sería, la de enseñar las oraciones y ritos islámicos allí donde fuese necesario. Alfaquíes naturales de Hornachos tenemos varios, Francisco Cortón, Diego Fansón, Gabriel Gárcía y otros, pero lo curioso es que en Hornachos también existían alfaquíes mujeres. La misión de estas era, la de visitar las casas de las moriscas y ayudarlas aellas y a las niñas en el aprendizaje de las oraciones, ritos, y otras enseñanzas de dicha doctrina. Conozcamos más profundamente a esta mujer morisca porque su expediente inquisitorial es una verdadera joya histórica.

ISABEL BEJARANA, viuda morisca natural de la villa de Hornachos, fue testificada por seis testigos, tres varones y tres mujeres. El primer testigo en declarar fue una mujer, la cual dijo que la dicha Isabel Bejarana era alfaquí y que enseñaba a las niñas y a las mujeres que no sabían la ley de los moros. Sigue diciendo que esta mujer no hacía otro oficio y que la rea tenía un hermano que también era alfaquí, que la testigo no sabe como se llama, más que le conoce de vista, y que a la rea le daban limosna los hombres ricos de esta villa.
La segunda testigo mujer dijo que en esta villa de Hornachos hay muchos Alfaquíes, y le nombró algunos, entre ellos a la rea. Otro día que la testigo fue a casa de una vecina morisca vio que las puertas estaban medio cerradas, y observando entre ellas vio cómo la vecina estaba arrodillada con la cabeza en el suelo, la rea le tenía una mano puesta en la cabeza y decía palabras en arábigo, el testigo lo vio y oyó, aunque no lo entendió, al ver esto se volvió para su casa. Además, dice haber visto durante más de tres años cómo la rea visitaba distintas casas de Hornachos, y los dueños cuando la veían llegar le besaban la mano, después la rea se la ponía sobre la cabeza. También ha visto la testigo que en las casas que visita la detenida se sienta en una silla, y los moriscos de la casa y otros que acuden se sientan alrededor, teniendo unas cuentas en las manos estas personas, mientras la rea hablaba en arábigo.
El tercer testigo varón dice que tiene mala sospecha de que es alfaquí o maestra de la secta de Mahoma, porque el testigo, al igual que los demás declarantes, dice que la ha visto salir más de diez veces de la casa de uno de los hombres ricos de Hornachos, los cuales le tienen mucho respeto. Y que una vez que entró en casa de éste morisco vio cómo todos los de la casa le besaban la mano con mucha reverencia.
El cuarto testigo dice que esta rea enseña la doctrina de Mahoma, y que el testigo es mancebo de un morisco de la villa de Hornachos. Añade que una vez fue con su ama a casa de la rea, y al llegar allá la rea le dijo que se volviese a la casa de su ama, quedándose la señora en casa de la rea. Y que diciéndolo el testigo a otras personas, éstas le dijeron que la casa de la rea era la casa de la junta de los moros de la villa. Afirmaba esto porque se trataba de la escuela de la secta de Mahoma, y como el mozo era forastero no cayó en lo que le decían. Termina diciendo que si ella confesase la verdad, daría todos los nombres de todas las personas moras de Hornachos.
El quinto testigo la testifica, de que dicha rea es Alfaquí, y que en tal condición es tenida por los cristianos viejos de la villa. Y que haría unos dos años más o menos que la testigo, yendo con cuatro mujeres moriscas y tres cristianas por las calles de la villa donde iba la rea con ellas, las mujeres moriscas iban cantando como de fiesta, hasta que llegaron a la casa de la rea, donde la dejaron con grandes reverencias. Las moriscas le besaban la mano y la rea le ponía la mano en la cabeza. En una ocasión vio cómo una morisca de la villa llevaba panales de miel a casa de la rea.

La catequista de Hornachos, la venerada, la amada, la que junto al resto de Alfaquíes, acercaban a los hombres y mujeres de la villa a la vera de su Profeta, de su Dios Todopoderoso, Ala, la que alimentaba espiritualmente a las mujeres y niñas de Hornachos y, la que con su adoctrinamiento y enseñanzas ponía en riesgo evidente a toda la población femenina de Hornachos.

Nuestras siguientes protagonistas van a ser las mujeres que van a ser condenadas por desbautizar niños, casamientos clandestinos, y otros ritos islámicos practicados en Villanueva de la Serena y Hornachos.

CECILIA DE CABRERA. Madre de Luís García, vecina de Villanueva de la Serena, que vivía con él en su propia casa de 70 años de edad, fue testificada por dos testigos mayores de observante de la secta de Mahoma, uno de los testigos mujer, declaró haberse hallado con ella en algunas ocasiones haciendo ceremonias de moros. Cuando nacían las criaturas las desbautizaban poniéndoles nombres arábigos, se predio y haciéndose con ella su causa, le sobrevinieron más testigos de su misma complicidad que la acusaban de haberse hecho en su casa una boda al estilo moro dirigida por el Alfaquí el cual leía por un libro arábigo. Se votó a conminación de tormento, mandándose ligar en la silla y continuando en su negativa se volvió haber y votar a que, en auto publico de fe abjurase de vehementi, y fuese reclusa en la cárcel de la penitencia tres años y pagase al receptor del Santo Oficio diez mil maravedíes.
La misma sentencia tuvo la siguiente mujer morisca, al igual que la anterior rea ayudaba a desbautizar los niños bautizados, y a demás servía de partera en el momento del nacimiento de éstos, conozcamos su expediente inquisitorial.

INES DE CABRERA. De la misma complicidad de Villanueva de la Serena, de cincuenta años de edad, fue testificada por cuatro testigos dos varones de observante de la secta de Mahoma, y como tal, se había hallado en la junta que se hizo en la casa del dicho Luís García cuando el dicho Alfaquí enseñaba la secta de Mahoma. Uno de los testigos dice, que la dicha rea había asistido a ciertas ceremonias de moros que se hicieron, y que en el nacimiento de algunas criaturas ayudaba en el parto. Fue presa con secuestro de bienes, y la rea confesó en la primera audiencia las dichas juntas, diciendo que en lo que en ella se trato era de moros, pero que por un oído le entraba y por el otro le salía, no acordándose de las cosas que enseñaba el Alfaquí. Así mismo, confeso haberse hallado en las ceremonias de los niños, pero que no le dijeron de qué ley y secta era, aunque ella entendió que era de moros negó el haber hecho dichos actos. Fue condenada a auto público de fe, con sambenito de media aspa, fuese reclusa en la cárcel de la penitencia por tiempo de cuatro años, y pagase al Santo Oficio treinta mil maravedíes.

MARIA DE AGUILAR. Morisca vecina de Villanueva de la Serena de edad de 46 años de edad, fue testificada por cuatro testigos de la observancia de la secta de Mahoma, y que casaba a sus hijos como moros. Con esta testificación fue presa y condenada a tormento ya que negó las acusaciones, antes de empezar a darle el mismo, confesó haber sido mora con creencia e intención. Se torno haber su proceso y se votó a que se le diese el tormento, durante el mismo testificó la acusación de casar a sus hijos por ceremonias de moros. Fue admitida a reconciliación en forma, con hábito y cárcel perpetua.

ISABEL DE LA CRUZ. Morisca vecina de Villanueva de la Serena, viuda de 50 años de edad, fue presa por tres testificaciones de 5 testigos de observante de la secta de Mahoma. Según como entró en las cárceles pidió audiencia y confeso haber casado a una hija suya, y dijo el modo en que la había casado y las personas que se hallaron presentes. Dijo que no entendió de que ley o secta era el dicho casamiento, fue condenada a tormento “ad arbirtrium” y a la tercera vuelta de cordel en el potro se desmayo y se suspendió, y otro día se continuó, y ala primera vuelta de cordel comenzó a confesar diciendo haber sido mora con creencia e intención. Fue condenada a auto público de fe con sambenito y coroza, fuese reconciliada, con confiscación de bienes, hábito y cárcel perpetua.

El alcalde de Hornachos es el que mejor define en su informe al rey las practicas de desbautizar niños en la villa, donde los naturales utilizaban a las afueras de la población los famosos desbautizaderos. En cambio en Villanueva de la Serena, Mérida o Cañamero, el raer la crisma al recién nacido se hacía en determinadas casas de moriscos.

“Juan de Chávez Alcalde de la encomienda de Hornachos y vecino de la dicha villa digo: que habiéndome confesado, se me mando que para descargo de mi conciencia informase a Vuestra Alteza de la vida y costumbre de los moriscos de la dicha villa. Mediante la cual tenemos por cosa cierta viven en la secta de Mahoma, y aunque bautizados niegan los artículos de nuestra fe católica, por las obras que de ellos vemos y conocemos y que son en la forma siguiente.
Lo primero porque tienen públicamente tres “morquies”, que son ciertos sitios fuera de la villa donde van a “raer y quitar la crisma del santo bautismo”, a su parecer uno de los de estos sitios que yo personalmente he visto está en el “puerto de palomas” y al sitio le llaman el “morqui”.
En el encontré catorce camisas de criaturas donde dicen se hacen su ceremonia, tienen una especie de pila o fuente, en el lugar hay quebrados muchos jarros, cantaros nuevos, y ofrecidos cebada, pasas, callos de herraduras, algunas blancas y cuartos y esto no se puede saber particularmente quien lo hace en la dicha villa”.

Interesante explicación la del alcalde de Hornachos sobre las formas que tenían los vecinos moriscos de la villa a la hora de desbautizar a los niños. Pero si importante es lo que escribe dicho alcalde, no lo va a ser menos el testimonio del cura de Hornachos D. Diego de Cuenca.

“Y ha habido y hay notas de que los naturales de Hornachos desbautizan a sus hijos, y que hay dos o tres sitios donde siempre esto se ha hecho y que lo hacen, que se llaman en su lengua “morquíes” y hay fama de esto. Fui este año pasado con otros cristianos viejos a uno de ellos, que es un pedazo de cueva donde suele haber agua, y pude ver como quince o veinte alhajas de criaturas pequeñas, no estaban malas sino que se podían utilizar algunas y como recién dejadas. Unas eran camisitas otras cuellecitos, puños, y un envoltorio como de cernada que parece ser los despojos que allí quedaron de las criaturas después de haber hecho en ellas su oficio.
Las lavaron restregándolas en las partes que fueron ungidas para quitarles el óleo y el crisma, y porque algunos de los naturales nos vieron, lo quitaron todo de allí luego que nos fuimos, de manera que, enviando a los pocos días después hacer información de ello, el licenciado Moreno de Moreda juez de comisión sobre la falsa moneda contra los dichos naturales que entonces tenían su audiencia en la villa de Zafra, no se encontró nada, por donde parece que en esto hay malicia. Dijo uno de los cristianos viejos que me acompaño al desbautizadero, lo mismo he visto hace cuarenta años en el mismo lugar, y que no se había atrevido a volver más aquel sitio de temor porque le amenazaron”.

El siguiente testimonio pone de manifiesto, cómo los moriscos de hornachos salían a altas horas de la noche dirección a los desbautizaderos a raer la crisma al recién nacido.

DIEGO FANSÓ. Espartero, fue testificado por tres testigos, una mujer y dos varones. El primer testigo mujer certifica de oída de una presa, que era uno de los moriscos que la villa de Hornachos tenía señalado para poner los difuntos en las sepulturas.
El segundo testigo, varón, testifica que entre él y otros cristianos viejos han notado y murmurado que dicho morisco es Alfaquí juntamente con otros que nombró, por razón de verlos en los entierros o en casa de los difuntos.
El tercer testigo varón dice que, estando una noche muy oscura entre las dos y las tres en el campo, sintió venir cinco personas. Éstas eran tres mujeres y dos hombres, de las cuales no conoció a ninguna. Uno de ellos traía en los brazos una criatura, venían desde la dirección del Morqui que ellos llaman, donde el testigo dice que ha oído decir que los moros de esta villa, antes que se convirtiesen, bautizaban sus criaturas. El mismo está a un tiro de escopeta donde emparejaron con el testigo, el cual no conoció a ninguna de las personas por la oscuridad de la noche.
El testigo se fue tras de ellos y los vio entrar en casa del mencionado Diego Fansó, al cual solamente conoció por la voz, porque le oyó hablar y llamar a la puerta, y cuando entraba en la casa dijo “Valmala”, que el testigo no sabe qué quiere decir. Además afirma que entrando las cinco personas con la criatura cerraron la puerta. El testigo se llegó hasta ellas y vio que tenían gran ruido, pero no conoció a nadie, nada más que a quien tiene dicho.

Pero si existe una explicación validísima para conocer la practicas de dichos moriscos, esa la conoceremos de la mano de una mujer morisca llamada María de Cuellar, esto cuenta su expediente inquisitorial.

MARÍA DE CUELLAR, viuda morisca vecina y natural de la dicha villa de Hornachos, de oficio tendera, fue testificada por cinco testigos, dos hombres y tres mujeres, todos mayores de veinte años. El primer testigo es un religioso. El mismo la testifica de oídas de un testigo examinado que hará como un año que estando en su casa con su compañero que no se acordó quien era le dijo a la rea.
¿Como vos tratando con tantos cristianos viejos no coméis tocino? Y que ella había respondido. “A buena fe, que no lo tengo de comer, porque no lo comieron mis antepasados”.
Y que de estas palabras concibió éste testigo para sí que lo hacía y decía por guardar la secta de Mahoma, como lo habían hecho sus antepasados. El segundo testigo que es mujer, la testificó que hará como un año poco más o menos que habiendo pasado por la calle donde vivía la rea, y que estando ella y otras dos moriscas de la dicha villa de Hornachos, la rea había dicho a las otras dos moriscas, “que lastima tengo de esta mujer, como está metida en esta ceguedad” diciéndolo por la testigo, porque era cristiana. Y que las dichas dos moriscas respondieron, “quien se lo atreverá a decir” y que entonces la rea dijo: “pues yo me tengo que atrever a decírselo” y que habiendo oído y entendido la testigo las dichas palabras, volvió luego a casa de la rea y no estando allí las dichas dos moriscas sino solo la rea y la testigo, la rea dijo a la testigo: “mi ley es diferente a la suya porque mi ley es la ley de los moros, que guardan todos los moriscos en común y hacen la zala cada día siete veces. Y tanto los grandes como los chicos todos ayunan tres meses, y todos los ricos moriscos dan limosnas los tres meses a la gente necesitada, un pan y una libra de carne cada día”.
El testigo decía que no sabía cuáles eran los tres meses de los que hablaba la rea, porque la rea no se lo dijo. Volvió la testigo a preguntarle qué meses eran esos y la rea contestó, “que eran de año nuevo para adelante” y que en la misma calle donde ella vivía había una vecina que la nombró, la cual era Alfaquí, y que enseñaba a las niñas y a las mujeres que no sabían la dicha ley de los moros, y que no sabía otro oficio sino aquel. Y que esta dicha mujer tenía otro hermano que también era Alfaquí, y que a la dicha mujer Alfaquí le daban limosnas los hombres más principales y ricos de Hornachos.
Y así mismo, la rea le había dicho que en la villa había dos mujeres casadas con dos moriscos de esta villa, que eran cristianas viejas y se las nombró. Estas cristianas viejas habían dejado su ley y se habían vuelto moras y hacían las ceremonias de la ley de los moros. Y que viendo la testigo que la rea estaba amancebada con uno de los dichos dos moriscos que nombró le dijo, que por qué consentía que el dicho morisco diese mala vida a su mujer. Y que la rea le respondió: “que ya no podía ser menos porque estaba casada con él según la ley de los moros” y que diciéndole la testigo que si podía ser aquello, la respondió la rea: “que sí y que era más válido que el primer matrimonio que había contraído el dicho morisco con su mujer” y que así mismo la rea dijo que “el ayuno de su ley era de estrella a estrella y que comían por la madrugada y después se volvían a la cama y que en todo el día no comían ni bebían ni una gota de agua hasta la noche salida la estrella. Y que el que comía tocino y bebía vino habría de arder en los infiernos”.
Y que también dijo la rea a la testigo, “que después de los dichos sus ayunos guardaban una pascua en acabado el ayuno”, y no le dijo por qué tiempo, más que era la forma en que acababa la fiesta del ayuno. Asimismo dijo la rea a la testigo, “si quería ver como se hacía el Guadoc y la zala que se lo enseñaría”. Por el mismo tiempo, que sería un año más o menos, fue la testigo a casa de la rea y estando las dos solas y cerrada la puerta de la casa, se puso la rea en presencia de la testigo en cima de una estera. Allí, se lavó primero las manos hasta los codos, y luego la boca y las narices, después se echaba agua por la cabeza diciendo muchas palabras en arábigo, y que la testigo no entendía. Asimismo, se lavó las partes vergonzosas y las plantas de los pies alzando y bajando los brazos y cabeza mientras iba diciendo palabras en arábigo, que aunque la testigo podía oírlas, no las entendía. La rea, según la testigo, estaba puesta en los ritos de la secta de Mahoma. Además, sabía dónde estaba el oriente al que ella llamaba Alquibla, diciéndole a la testigo que aquellos ritos eran la zala. Además dijo que así lo hacían los moros de Hornachos, y persuadió a la testigo muchas y diversas veces en espacio del dicho año, diciéndole la rea, “que dejase su ley cristiana y se volviese a la ley de los moros como ella la guardaba”.
También le dijo la rea a la testigo, “que cuando los difuntos morían los volvían hacia el Alquibla y que lo hacían en presencia de los que estaban en la casa a la hora de su muerte para que sirvieran de testigo y demostrar que el difunto moría en la ley de los moros”. Cuando la persona moría, se lavaba a ésta con cierta agua que habían cogido en cierto día señalado, poniéndole al agua muchas flores. Los amortajaban, según la testigo, en lienzos nuevos que nunca se hubiese estrenado, y si era mujer le ponían dos camisas, la una a manera de calzones y la otra encima además de dos tocas. Si era hombre, le ponían dos camisones, un caza cuellos, una escopeta, una escotera y su sábana nueva. La testigo dice que ella no ha visto morir ni amortajar a ningún hombre ni mujer, y que lo que sabe es lo que le dijo la rea.
También le contó la rea que cuando una criatura era bautizada por el rito cristiano, le lavaban el óleo y crisma mudándoles de nombre y poniéndole nombre moro. Si era niño le ponían Amet, y si era hembra le ponían Marien, y acerca de esto no le dijo más, ni si tenían lugar señalado para hacerlo. También le dijo que cuando parían lo hacían por Mahoma y no por Cristo. Todo esto se lo contó la rea a la testigo, estando a solas las dos, sin que hubiese otra persona delante en casa de la rea y con la puerta cerrada. En varias ocasiones la rea persuadió a la testigo para que se convirtiese a la ley de los moros y dejase la de los cristianos, diciéndole la testigo que no había de dejar su ley de los cristianos, a lo que la rea le respondió “que por amor de Dios no la descubriese”.
La misma testigo en otra audiencia, testificó contra la rea que le había dicho que cuando algún difunto se moría tomaban un jarro de agua, que estaba declarado en tierra de moros como jarro santo, colocándolo en el aposento donde moría el difunto ponían unas llaves en las asas del jarro y dentro de éste una rama de romero. Al preguntarle la testigo que por qué se hacía aquello, la rea le contestó que las llaves se ponían porque el difunto volvería a por ellas para abrir con ellas las puertas del cielo, y que los parientes del difunto y los vecinos de éste, le hacían boda por espacio de ocho días en casa del mismo, y de frente del jarro le hacían oraciones en arábigo. En aquellos ocho días no apagaban la luz del aposento donde moría el tal difunto. La madre de la rea tenía hombres señalados para meter al difunto de su casa en la sepultura, que eran cuatro moriscos señalados, vecinos de Hornachos que nombró. Añadió además que una vecina morisca de la villa curaba la enfermedad de la erisipela con palabras en arábigo.
También cuenta la testigo que la dicha rea le enseñó una oración que decía de esta manera: “Valmala a Rax mal haraen Ala dulula surapies, ha lalemin sarax mania lapen ladine, anoata quema suley te saleun cairi hay da masco ven. Amina rapies salamin”.
Aunque la testigo sabe la lengua arábiga, que comúnmente se habla en la villa de Hornachos, no sabía lo que significaba aquella oración en nuestra lengua castellana. La rea le dijo que quien supiese esa oración siempre estaría ligada a El Corán. La testigo comentó que conocía a la rea desde hacía más de treinta años. Cuando la rea pone a cocer la carne, la lava y le quita las landrecillas que tiene la carne. La testigo comentó que en su casa tiene una Verónica, y todas las veces que la rea entraba en ella le decía “crees en aquello” diciéndole la testigo que sí. La rea le replicaba diciéndole “pues a ti, qué te ha de hacer aquello” diciéndoselo por la dicha Verónica. Respondiendo la testigo que aquella era la cara de nuestro señor y que le podía hacer mucho bien. La rea le volvió a decir que “aquello era un pedazo de palo ¿qué os puede hacer a vos?”. Y decía más cosas como que “ella solo creía en Alá y todos los juramentos los hacía en nombre de Mahoma y se encomienda a ellos”. También contó la testigo que la rea dijo “que cuando se ponen camisa nueva se lavan todo el cuerpo con agua caliente” y que la había visto hacer el dicho lavatorio muchas veces, y que generalmente lo hacían todos los moriscos y moriscas de Hornachos.
Le dijo también la rea que cuando ella y el morisco que le nombró, el cual estaba casado con ella a usanza de moros, ayunaban tres meses por el Guadoc de la secta de Mahoma, si en aquellos tres meses el dicho morisco tenía cuenta carnal con ella o con la otra su mujer, ora fuese de día ora fuese de noche, se tenía que lavar por los ritos y ceremonias de la dicha secta de moros, todas las veces que tuviese cuenta carnal con ellas; porque decía la rea que tenían que estar limpios para el dicho ayuno. En la ratificación, la testigo comentó que había visto muchas veces venir a deshoras a la rea por la calle, y preguntándole de donde venía ésta le decía que, “venía de la casa de un morisco sastre que nombró, que le enseñaba cosas de la ley”. También la testigo contó que una vez sentada a la puerta de la testigo, en el mes de verano con la dicha rea, pasaron por la calle dos frailes franciscanos del convento de la villa, y que la rea había dicho, “miren la ceguedad en que andan estos” diciéndolo por los frailes “que así como están vestidos y calzados estarán ardiendo en los infiernos”, y diciéndole la testigo “no diga eso María, que ellos al cielo caminan”, la rea le dijo “que si dejaran su ley y se volvieran a la ley de los moros, que después cuando se murieran, entrarán siete años primero que los moros en el cielo”.
Esta rea fue condenada a confiscación de bienes, salir a auto público de fe en la villa de Llerena con sambenito y coroza, abjurase de vehementi, se le diesen doscientos azotes, y fuese reconciliada.

Interesantísima exposición por parte de la rea hacia su vecina de las practicas moriscas más comunes de la villa, pero todavía no hemos hablado de una practica muy enraizada en todas las comunidades moriscas, la circuncisión. Son varios los documentos que nos hablan, que en Extremadura, las clandestinas comunidades moriscas practicaban dicho rito. En 1581 La Inquisición daba instrucciones precisas. Había que “comenzar a tener un poco de rigor con los padres que circuncindaban a sus hijos y condenarlos sistemáticamente a la pena de azotes”.
Hornachos tenía especialistas encargados en retajar a los niños, y la Inquisición de Llerena médicos encargados de verificar las circuncisiones en los reos de las cárceles. Los acusados de haber sido retajados eran pasados por la mirada del Doctor de la prisión. Éste, minuciosamente observaba el pene del reo, de esa forma, y a través de su certificado, comprobaba si el miembro viril había sido desligado de su prepucio o era natural. Las inspecciones las hacían de la siguiente forma.

“Las inspecciones que se hicieren a las personas que se nombran, es para saber si están circuncindados. Los reos no deben saber que el motivo de tal inspección es para eso, se encarga se haga con particular cuidado, mirando la parte de dentro del prepucio, y la de fuera por arriba y por abajo por un lado y por otro, viendo todo el miembro viril. Que haya bastante claridad y luz, y si hubiese sol, que éste no de en la misma parte donde se ha de buscar la señal. Al preso se le dice, que limpie con la camisa por dentro y por fuera del miembro viril, porque se ha de mirar desde curación hasta la punta. Cuando el preso se limpie que lo haga despacio sin hacer fuerza, será mejor que el cirujano lo haga por más seguridad, porque algunos maliciosamente lo hacen de una forma recia. También estarán advertido de que el preso, no este mirando a la parte donde se busca la señal haciéndole alzar la cabeza y taparse los ojos por si hubiere junta. Si alguno de los médicos y cirujanos señalare alguna señal no lo dirá al preso, todo lo cual se hará sin decir palabra delante del detenido sin señalar cosa alguna. Cada uno de los cirujanos y médicos lo quede para sí, después se saldrá fuera y se apartaran comunicando lo visto a los inquisidores”.

Como podemos comprobar, el Santo Oficio de Llerena utilizaba todos los medios a su alcance para ratificar una condena. Conozcamos el siguiente caso.

“El doctor Cipriano González Promotor Fiscal de la Inquisición de Llerena, digo que en esta Inquisición fueron presos Diego Vaquero y Mayor de Cárdenas su mujer moriscos vecinos de Hornachos. El motivo de tal detención ha sido, por tener un hijo retajado con las demás circunstancias que V. A. vera por supuesto. Los dichos moriscos tienen fama en la villa de ser muy fieles a la ley de Mahoma, con lo cual creemos deben ser puestos a cuestión de tormento”.

El expediente inquisitorial de esta mujer de Hornachos llamada Mayor de Cárdenas, condenada junto a su marido por haber retajado a su hijo, dice lo siguiente de la condenada.

MAYOR DE CÁRDENAS, mujer de Diego Vaquero, vecina y natural de Hornachos, de edad de 26 años, fue testificada en junio de 1606 por dos testigos varones, de que tenía un hijo retajado. Otro testigo clérigo dijo que, cuando se bautizó este niño, vio que tenía el miembro viril alterado e hinchado de color verde. Parecía que le había untado con alguna cosa y que reparó en ello por parecerle que estaba retajado. Antes de bautizarle constó haberle llevado ante el cura Cuenca de aquella villa, y se lo enseñó para que diese fe de cómo había nacido. Esto acrecentó la sospecha de que estaba retajado a mano. Se mandó que un cirujano lo viese, el cual, declaró que estaba retajado.
Por tanto, se mandó prender a los padres con secuestro de bienes, y así se hizo, poniéndoles en las cárceles secretas y siguiendo su causa. Al tiempo de ratificar los testigos, fueron llamados dos cirujanos, viendo visto al niño con juramento, declararon tener la cesura del capullo cicatriz que es señal de estar cortado a mano. En todo el discurso de su causa estuvo negativo, hizo defensas en que probó con los de su nación ser buena cristiana, confesaba y oía misa. Contaba que “luego que nació el niño se publicó que había nacido así, retajado”. Diciendo la comadre que al punto que nació le vio así e inmediatamente lo llevó al cura para que hiciese la dicha fe y testimonio de cómo hacía nacido. Lo mismo contaban otros dos testigos mujeres que se hallaron presentes en el parto.
Conclusa su causa y vista en consulta, fue votada que se suspendiese. Ante esto apeló el fiscal. Éste mandó fuese puesta a cuestión de tormento y confesó haber retajado ella sola con unas tijeras a su hijo y que se lo enseñó a hacer así un morisco viejo granadino y otro de Hornachos, que se llamaba “Correón”, los cuales eran ya difuntos. Añadió que cuando lo retajase había de decir “Vizmilac Ala Cobar” y que ella lo hizo así como lo hacían los moros, además por guardar la ley de Mahoma que era mejor que la de Jesús, no obstante sabía que era contra nuestra Santa Fe Católica, ratificándose después de las 24 horas. Revocó y dijo haberlo dicho por miedo del tormento, y que no fue verdad haberlo retajado, confesando voluntariamente que, habiendo peste en Hornachos haría 8 años, apareció por allí un morisco de los del reino de Granada, el cual no sabía cómo se llamaba. El mismo morisco pedía limosna y le enseñó la oración que tiene confesada arriba, que quería decir “Dios guarde”, con la cual dijo la libraría Dios de aquella peste, diciéndola cada día tres veces y que ella les dijo por espacio de dos meses. También comentó que, aunque morían muchos, su casa siempre estuvo libre, creyendo por virtud de la dicha oración y que ofreciéndola en honor de Mahoma era libre ella y su casta, de modo que podría ir al cielo.
Se le volvió a repetir el tormento, diciendo lo mismo que en la primera sesión de potro, es decir, que había retajado a su hijo con la misma creencia pertinaz. A la ratificación lo volvió a revocar como en la primera vez, afirmándola. Asentó voluntariamente en su confesión referida lo que hizo para liberarse de peste.
Vista en consulta, fue votada a que en auto público de fe “si lo hubiese” fuese admitida a reconciliación, con confiscación de bienes, hábito y cárcel por un año. Su sentencia se ejecutó en San Francisco de esta villa.

Interesantísimo documento, el cual pone de manifiesto, que por mucha presión inquisitorial que se desarrollase contra los moriscos, éstos seguían a pie juntillas las costumbres de sus antepasados mudéjares. Conocían el riesgo que esto conllevaba, pero la persecución hacia su comunidad les hacía crecerse, y con ello, seguir en la medida de lo posible las veredas y caminos de su amado salvador, el profeta Mahoma. Los padres enseñaban a sus hijos sus costumbres, y éstos, las seguían como cualquier hijo sigue las normas culturales de su familia. Muchos de estos vástagos moriscos, sufrieron en sus carnes el escarnio cruento de la Inquisición de Llerena por esta causa, el de ser fieles a la doctrina de sus padres. Conozcamos algunos casos donde los menores de edad van a ser condenados por la Inquisición de Llerena, y donde la desesperación dolorosa de sus madres por esta causa, será un tormento más en su ya más que atormentada y crucificada realidad.
MIGUEL DE PALMA. Morisco natural de Zafra, de 11 años de edad, fue testificado con tres testigos contestes de haber dicho, que la secta de los moros era buena o mejor que la de los cristianos, fue llamado y en el discurso de su causa no confesó. Por ser de tan poca edad, fue condenado a que en las cárceles secretas de este Santo Oficio les fuesen dadas dos docenas de azotes, y en la sala de la audiencia abjurase de Levi.

ISABEL DE TOLEDO. Morisca de los repartidos del reino de Granada, estante en Zafra, de doce años de edad, fue testificada por tres testigos, de que habiéndose muerto una abuela suya morisca en la villa de Zafra, después de muerta la habían lavado muy bien desde los pies a la cabeza. La que lavaron a su abuela fueron, ella, su madre Inés de Toledo, una prima, y una hermana de la dicha Isabel de Toledo. Cuentan los testigos, que vieron a la difunta amortajada con lienzo bueno y limpio, y que no vieron señal de agua en el aposento, porque la habían amortajado con las puertas cerradas. Se sacó su culpa y se envió al tribunal.

MARÍA LÓPEZ. Morisca mujer de Cristóbal Rodríguez, cuchillero vecino de Zafra, de de 17 años de edad, criada de la dicha Leonor García, fue testificada por tres testigos dos varones y una mujer, de lo propio que su ama. Fue prendida, y haciéndose su causa con ella en la primera audiencia comenzó a confesar, y dados los testigos en publicación alegó defensas las cuales no le relevaron. Se votó, a que por algunas disminuciones en su declaración que fueron de consideración, fuese puesta a cuestión de tormento hasta darle una vuelta de cordel en los brazos, siendo votada a que saliese al auto en forma de penitente, fuese reconciliada con hábito y cárcel por tiempo de dos años.

MARÍA HERNÁNDEZ. , Nacida en la ciudad de Mérida, de edad de diecisiete años, fue testificada de la observancia de la secta de Mahoma. Fueron tres los testigos que la acusaron, un varón y dos mujeres, una de las mujeres suegra suya y la otra su cuñada. Estando negativa por el discurso de su causa fue puesta a cuestión de tormento, se le dio cuatro vueltas de cordel en diferentes días, confesó de sí y testificó algunas personas y entre ellas a su padre, madre, declaró haber estado en la observancia de la secta de Mahoma por tiempo de cuatro años. Vista en consulta de fe con el ordinario, se votó que en auto público de fe sea admitida a reconciliación, hábito y cárcel perpetua, pareció a los consultores que con tres años de hábito y cárcel quedaba más que castigada.”

LUÍS DE CÓRDOBA. “Morisco vecino de la ciudad de Mérida, de 17 años de edad, espontáneamente vino a declarar ante el Prior de la Provincia de León, dijo haber visto hacer la Cala, y otras ceremonias de la secta de Mahoma a Juan López Uleyles morisco de la villa de Pastrana residente en la ciudad de Mérida. También vio a otros moriscos de la dicha ciudad, y por su poca edad así como por su espontánea confesión fue encomendado al alcalde para que le tuviese en su casa como lo está. Y por haber confesado que también él había practicado el rito de la Cala se hizo su causa con él, por el discurso de ella testificó a veintiséis personas las más de ellas de oída. Recibió en parte sus confesiones, dando por causa, haber mentido al principio por salvar a su madre y a un hermano suyo, así como a otros tíos hermanos de madre. Testificó cumplidamente. Vista en consulta su causa con el ordinario, se votó a conminación de tormento el cual no se ejecutó, porque a éste mozo interesa dejarle para que siga testificando a más moriscos. Dijo su verdad en las últimas confesiones, siendo condenado a salir en auto público de fe, abjurase de Levi, fuese reprendido y desterrado de esta villa de Llerena y de la ciudad de Mérida por tiempo de dos años.”

Condenados por haber recibido una educación familiar a la morisca, podrían haber sido los continuadores de la saga islámica en tierras de Extremadura, pero el destino les jugó una mala pasada. Humillados y torturados sus cuerpos, éstos menores bajo el suplicio, acusaron a sus propios familiares de ser todos seguidores de la secta de Mahoma. Lo más probable sería, que por sus cabezas le rondasen los remordimientos de haber delatado a los suyos, pero ya era demasiado tarde. La angustia, la aflicción, la congoja, serían en esos momentos los protagonistas de su más que visible tribulación, pero también su dolor en esos momentos, sería su mayor aliado para ensalzar su fe ante los suyos.
Nuestra siguiente protagonista es una joven de 18 años natural de Cañamero, sus padres habían sido condenados por la Inquisición a cárcel perpetua, y sus sambenitos se habían colgado en la iglesia de su pueblo natal como se hacía con todos los moriscos condenados para recordar con el mismo su herejía cometida. Sin embargo el caso de esta joven es único en Extremadura, su sambenito no se va a colgar en la iglesia de su pueblo, sino que la Inquisición la condenará a lo siguiente.

MARÍA. Hija de Luis Pérez maestro Alfaquí de la secta de Cañamero, de 18 años de edad, fue testificada por su propio padre y, en la primera audiencia comenzó a confesar satisfaciendo enteramente. Conclusa su causa fue votada a que saliese al auto en forma de penitente con sambenito y coroza, fuese admitida a reconciliación con confiscación de bienes, y acabado el auto se le quitase el hábito y se pusiese en la casa de gente honrada donde fuese educada en las cosas de nuestra Santa Fe.

María pasaría a ser esclava de alguna familia cristiana de raza, el sambenito colgado en las paredes de dicha casa sería su mayor humillación ante dicha “familia honrada”. La prenda que lució en su auto de fe como símbolo de su “extraviado caminar”, sería su permanente dedo acusador de que había sido una hereje.
Estas pequeñas pero terribles historias documentadas de mujeres moriscas en tierras de Extremadura, fue una realidad que pone de manifiesto la dureza que se tuvo con los seguidores de Mahoma.
Al principio del trabajo decíamos que Meléndez Pelayo contaba en sus Heterodoxos Españoles en la página 363, que el Santo Oficio trataba a los moriscos “con extraordinaria benignidad, sin imponerles la pena de relajación ni confiscación de bienes”. Creo que los documentos hablan por si solos, pero amén de esta persecución por parte de la Inquisición de Llerena hacia la mujer morisca, a ésta, todavía le quedaba una vuelta más de tuerca en su trágica epopeya por tierras extremeñas, la expulsión.
Abandonar sus casas, animales, colmenares, huertas y toda su hacienda, será un duro golpe para nuestras protagonistas, pero lo más terrible sería, el ver como en nombre del Dios de los cristianos, se les quitaban lo que habían parido sus hijos, pero eso ya es otra historia a contar.

La pretensión de este trabajo es la de homenajear a la mujer morisca en Extremadura, por su coraje como madre en la labor de educar a sus hijos en los valores de sus antepasados, y como testimonio denuncia, hacía los que en su momento violaban sistemáticamente los valores cristianos insertados dentro de los mandamientos de la ley de Dios.

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