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30 ene. 2012

Silos revive la burla a los moriscos con su tradicional Fiesta de los Jefes

LIDIA SIERRA- Ical / Silos
Santo Domingo de Silos celebró por decimotercer año consecutivo la Fiesta de los Jefes y reunió a centenares de vecinos y visitantes que se sumaron a los actos de una jornada festiva que evoca la leyenda que cuenta que la villa se libró de la invasión musulmana al simular que las llamas habían arrasado Silos. Como en ocasiones anteriores, la alegría de los participantes pudo con las bajas temperaturas de este mes de enero, y dio el testigo a una fiesta que fue recuperada hace más de una década.
La leyenda cuenta que un ejército de moros sitió la villa burgalesa y, ante la desigualdad de las fuerzas encontradas, un vecino del pueblo planeó simular un incendio y con él la destrucción de todos los bienes que hubiera en el pueblo. De esta manera el enemigo daría por inútil cualquier intento de asalto. Lejos de rendirse ante el enemigo árabe, colocaron ramas de brezo por todas las esquinas del pueblo a las que prendieron fuego, cargaron a los niños y mujeres con cencerros y les soltaron por el pueblo.
De este modo, la premeditación cristina dio paso a la confusión mediante cencerros, de tal manera que la población pareció estar llena de defensores.
Los protagonistas de la jornada, el Capitán, Cuchillón y Abanderado -tres vecinos de la localidad- fueron sacados de sus casas desde primera hora de la mañana. Como es tradicional, los vecinos del pueblo se ataviaron para la ocasión: los hombres vestidos con capa castellana y los niños ataviados con chalecos y polainas de borreguillo y cargados con cencerros con el ánimo de emular el alboroto que hace siglos produjo el ganado en el pueblo.
Uno de los momentos más especiales se produjo cuando la comitiva entró en el Patio de San José y fue recibido por el Abad de Silos, dom Clemente Serna, que este año celebró por última vez la fiesta con sus vecinos, tras anunciar que abandona el cargo de máximo responsable de la Abadía benedictina. Conducidos por el aire marcial del tambor, la comitiva llegó al complejo monacal, donde el abanderado hizo una demostración de su pericia con la bandera ante la atenta mirada de los monjes.
Pregón
Numeroso público, vecinos y turistas, abarrotan las calles de la villa silense para contemplar una representación que rememora una de las hazañas más heroicas de toda la geografía burgalesa. No es de extrañar que con el paso de los años se haya convertido en una Fiesta de Interés Turístico Regional, que cada año reúne a más público y muchos vecinos de otras provincias.
En esta ocasión, el pregón de la Fiesta fue pronunciado por Alexander Kuznetsov, embajador Plenipotenciario de la Federación de Rusia en España, que accedió gustoso a ser el pregonero, debido a los vínculos emocionales que le unen a la localidad burgalesa, pese a la distancia temporal que separan las lejanas tierras rusas de la meseta castellana.
Al galope
Ya por la tarde, la fiesta continúa, pero esta vez los protagonistas son una veintena de intrépidos jinetes que participan en la conocida como ‘carrera de crestas’. Se trata de un ritual muy antiguo en el que jefes y jinetes compiten por alzarse con la cresta de un gallo que prende de una cuerda a gran altura. El animal, que permanece inerte, se convierte en un trofeo que arranca los aplausos de los jinetes más habilidosos. Actualmente, el gallo está muerto, pero hace siglos esta tradición se realizaba con un gallo vivo al que, literalmente, se degollaba, según confesaron las fuentes locales.
Al caer la noche, Silos recrea su incendio. La localidad vuelve a fingir que se encuentra en llamas encendiendo hogueras por los principales puntos de la villa. Se rememora así un episodio, no contrastado en los anales de la Historia, que cierto o no, reúne cada año a más visitante.

La hazaña de los astutos
Los invasores moriscos llegaron a estas tierras para crecer e implantar su cultura. Las huestes castellanas y los vecinos de la villa, recios e inteligentes, sabedores de que aquéllos buscaban su expansión a costa de los paisanos, burlaron el asedio musulmán y preservaron la villa del ataque de los bárbaros.
Aquel viejo Silos estaba acorralado por los moros y para impedir su ataque, los cristianos simularon un gran incendio. Colocaron ramas de brezo por todas las esquinas del pueblo y las prendieron fuego; cargaron a los niños y mujeres con cencerros y les dejaron libres por el pueblo para que fueran corriendo y gritando fuera de sí; liberaron el ganado y los tambores no dejaron de sonar en toda la noche.
Los ajenos, ante tan imprevisible espectáculo, no se atrevieron a entrar. Desde entonces, el pueblo festeja este día y repiten un simulacro de la hazaña.

Fuente: El correo de burgos

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