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13 dic. 2009

El destino de los musulmanes aragoneses

José Luis Corral Lafuente

Universidad de Zaragoza

En 1526 un decreto del emperador Carlos, rey de España, obligaba a los mudéjares aragoneses a bautizarse. Casi todos lo hicieron y sus mezquitas quedaron desde entonces convertidas en iglesias, en pajares o se derribaron para ubicar en su solar una plaza. Pero los musulmanes aragoneses, desde entonces conocidos como moriscos, siguieron practicando en secreto su religión y sus costumbres. Durante los tres últimos cuartos del siglo XVI la convivencia se hizo cada vez mas difícil, pues pese a la conversión obligatoria, los moriscos jamás llegaron a identificarse ni con la religión ni con la cultura cristiana. Fue en 1610, tras varias décadas de desencuentro, cuando los moriscos fueron expulsados de España por decisión de entonces rey Felipe III (II en Aragón). Aquellos moriscos expulsados eran aragoneses; todos procedían de familias que habían vivido en esta tierra desde hacía siglos, mucho antes incluso de que llegaran procedentes del norte los cristianos aragoneses para convertirse en los nuevos señores. Ésta era su tierra y había sido el hogar de sus antepasados, y aquí habían vivido generaciones enteras de ancestros, hasta mucho más allá de lo que la memoria familiar podía ser capaz de recordar. Por eso, la expulsión de 1610 fue realmente traumática, porque cuando se marcharon no sólo dejaron atrás una tierra y un paisaje, sino también su propia historia, sus raíces, su referencia vital. Alrededor de 70.000 personas, nada menos que un veinte por ciento de la población aragonesa, tuvo que marcharse para siempre de sus casas, lo que provocó la ruina de la agricultura y de la artesanía. Los musulmanes aragoneses expulsados se dirigieron hacia las tierras del imperio Turco otomano, que estaba en plena expansión por el Medi- terráneo, y algunos pequeños grupos se asenta- ron en Estambul, en la costa atlántica de Marruecos y en los alrededores de Argel, pero los contingentes más numerosos fijaron su destino en el actual Túnez, donde hacía varios decenios que se había instalado el poder otomano, y donde hacía ya cinco siglos que se habían exiliado otros musulmanes aragoneses, los que se marcharon con motivo de las conquistas cristianas del siglo XII. Allí se encontraron con moriscos expulsados de otros dominios de la monarquía hispánica, pero los aragoneses mantuvieron su propia identidad y recibieron el nombre de «zagríes», en referencia a su procedencia de origen de la antigua Marca Superior de al-Andalus, en árabe llamada at-Tagr. Los moriscos más ricos se ubicaron en algunos barrios de la ciudad de Túnez, en torno a la Puerta Verde y a la Puerta de Cartago; los artesanos, procedentes de las morerías de las ciudades aragonesas, en las medinas tunecinas y en asentamientos como Aryanat o Taburbat; en tanto los campesinos procedentes de las fértiles huertas de los ríos aragonesas lo hicieron en poblados fundados por ellos mismos, como Calat al-Andalus en el norte del país, como Grambalia en el sur, y como sobre todo a lo largo del valle del río Meyerda, sobre viejos asentamientos como Mayaz al-Bab o Tastur. Los moriscos aragoneses llevaron a Túnez mucho de lo que dejaban en Aragón: técnicas de cultivo y de irrigación, lengua, gastronomía, cultura, artesanía y una muy rica arquitectura, la que aquí habían practicado los alarifes mudéjares. Durante varios decenios siguieron usando la literatura aljamiada, la misma que habían utilizado en Aragón durante los siglos XV y XVI, hasta que hacia 1700 acabó por extinguirse. Todavía hoy, pese a los casi cuatrocientos años transcurridos, puede apreciarse en Túnez la huella de los moriscos aragoneses. La arquitectura de mezquitas como las de Tastur o al-'Islugiyah, con sus aparejos de ladrillo y mampuesto, recuerdan miméticamente a las iglesias del siglo XVI en Aragón, y apellidos como Bardo (Pardo), Rubio o Royo todavía son frecuentes entre los tunecinos de origen aragonés. Un viaje por el Túnez actual, por el valle de la Meyerda, por el cabo Bon o por los pueblos del sur depara numerosas sorpresas para un aragonés, pues en muchos pueblos se recrean torres (alminares), casas o paisajes humanizados del Aragón del siglo XVII, una tierra que para algunos poetas descendientes de aquellos moriscos aragoneses expulsados en 1610 sigue siendo, cuatro siglos después, su paraiso perdido.

Fuente: Trébede

2 comentarios :

  1. No problem......and probably we will have to send all muslims back to North Africa again.

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  2. ?????????????? no commented

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