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21 feb. 2010

Los papeles de un reino

JUAN LUIS TAPIA

El Archivo Histórico Provincial de Granada acoge entre sus fondos información sobre los pobladores moriscos, los procesos de la Inquisición y los desaparecidos edificios de Gran Vía

Quiénes repoblaron las tierras de los moriscos, por qué condenaron a un supuesto judío converso o cómo eran las casas nazaríes de la Gran Vía? A esas y a otras muchas cuestiones se puede encontrar respuesta en el Archivo Histórico Provincial de Granada, una institución de titularidad estatal gestionada por la Consejería de Cultura.
Sus kilómetros de estanterías y almacenes especiales acogen una serie de exclusivas joyas documentales procedentes en su mayoría de los fondos de Hacienda que se cedieron al Archivo Histórico de Granada y su Reino allá por 1922. Aquel centro documental pasó a ser gestionado por el Patronato del Generalife y, una vez desaparecida esta institución, el archivero de Hacienda, Antonio Gallego Burín, los depositó en la Casa de los Tiros, donde se tenía el proyecto de reunir otros archivos. A este importante legado se sumó el procedente de la Real Chancillería, en la Casa del Padre Suárez.
Eva Martín, directora del provincial, relata que «aquellas instalaciones se quedaron colapsadas, ya que almacenaban todos los documentos de los organismos de Granada dependientes del Estado». Finalmente, en el año 1990 se deslinda a instancias de la Consejería de Cultura el archivo provincial del judicial de la Chancillería, y en 2000 se traslada a su actual sede en la calle San Agapito. Eva Martín señala que «fue con un decreto de la República como se crean estos archivos con la intención de velar, conservar y difundir los documentos generados por los órganos del Estado en la provincia».
Más allá de la antigüedad o singularidad de los documentos de estos centros, su importancia, según su directora, se encuentra en que «están seriados, de manera que se puede seguir un tema de manera cronológica y los investigadores pueden seguir un fenómeno o asunto determinado durante un mayor espacio temporal».
Uno de los grupos documentales más valiosos de este centro es el formado por los 'Libros de población del antiguo Reino de Granada', del siglo XVI. Con motivo de la expulsión de los moriscos muchas tierras quedaron despobladas y Felipe II firmó una orden por la cual concedía 'suertes de tierra' a los cristianos viejos, tanto del reino de Granada como del resto de las provincias españolas, que quisieran repoblar aquellos territorios.
A estos nuevos propietarios se les exigía que explotaran aquellas tierras y que no las vendieran durante unos años. La manera de controlar este 'cambio de propietarios' así como el cumplimiento de las condiciones de aquella suerte real fue a través de los libros de población. En estos documentos, fechados desde el 1572, aparece el nombre del morisco a quien pertenecieron las tierras y el del nuevo poblador.
Los expulsados
Una consulta a estos tomos manuscritos permite conocer los nombres y apellidos de los moriscos que habitaron las tierras granadinas y de quienes ocuparon sus fincas tras la expulsión, y de este modo ver el origen de algunos apellidos. «Muchos investigadores usan los libros de población para estudios de tipo genealógico», comenta Eva Martín. Una lectura a estos volúmenes permite observar cómo se instalaron en algunas localidades apellidos originarios de las dos Castillas y de Aragón, de donde procedían muchos de aquellos súbditos de Felipe II que se acogieron a su empresa.
La huella morisca y hebrea, las persecuciones a las que fueron sometidos estos grupos de población, incluso en el siglo XVIII, se puede seguir e investigar en el Archivo Histórico Provincial a través del 'Fisco de la Inquisición', un bloque documental de gran importancia, ya que son los únicos testimonios escritos existentes de las acciones del Santo Oficio en el Reino de Granada.
El Santo Oficio
«Lamentablemente, cuando se hizo la Gran Vía desapareció la Casa de la Inquisición, y con ella todo su archivo, del que se desconoce su paradero», relata la responsable del centro documental. El fisco inquisitorial se salvó porque se encontraba en la Intendencia, lo que sería la vieja delegación de Hacienda.
Estos fondos recogen la relación de bienes de moriscos y judíos sentenciados por la Inquisición, así como los mandamientos de prisión. «Han aparecido -dice Eva Martín- documentos árabes, de los que poseían los moriscos, y datos sobre procesos abiertos por prácticas judías 'de puertas adentro' hasta mediados del XVIII». Estas fuentes permiten conocer las propiedades en manos de los acusados por la Inquisición e incluso las alegaciones que presentaban. «Una de estas reclamaciones es realizada por la mujer de uno de los sentenciados, que solicita sus vestidos que le habían sido 'secuestrados', o sea embargados», señala Eva Martín.
Además de los procesos y sus circunstancias aparecen relaciones de los útiles, ropas y demás bienes que tenían estos perseguidos por la Inquisición, una información muy valiosa para los estudiosos de la historia social y económica.
Otro importante corpus documental está formado por el 'Catastro del Marqués de la Ensenada en el Antiguo Reino de Granada'. A mediados del siglo XVIII se ordenó la elaboración de un catastro de los bienes inmuebles de los ciudadanos y se encomendó esta labor a un equipo de funcionarios comandado por el Marqués de la Ensenada. «Se trataba de conocer lo que tenían los ciudadanos para llevar a cabo la consiguiente imposición fiscal tanto de los bienes rústicos como urbanos», explica la responsable del archivo. En estos informes, que van desde 1750 a 1770, un total de 702 libros manuscritos, aparecen registrados los nombres de los ciudadanos, divididos en seglares y eclesiásticos, los bienes que poseían, sus oficios, lo que producían e incluso el precio de las cosechas. Estos primeros inspectores de Hacienda realizaban a muchos de los ciudadanos un cuestionario de unas veinte preguntas sobre aspectos relacionados no sólo con sus bienes sino con sus vidas, como cuántas personas y quienes habitaban en sus fincas. «Este catastro se realizó en todos los territorios del reino a excepción de las Vascongadas, Navarra y Cataluña», afirma Eva Martín. «Los documentos -añade- constituyen una información financiera de primera mano».
Urbanismo
Junto a los datos económicos, los manuscritos muestran toda una cartografía de las poblaciones españolas, ya que los funcionarios registraban con sus dibujos cómo era la trama urbana de la ciudad, donde se encontraban los principales monumentos y edificaciones, desde un puente a una simple fuente o aljibe.
El informe del Marqués de la Ensenada también es un material para seguir la evolución urbanística de las ciudades. Una de las estampas refleja la imagen de Marbella en el siglo XVIII, que comparada con la actual revela qué parte de ella se ha logrado conservar. En cuanto a Granada, a través de estos dibujos alzados y planos se puede ver cómo eran los edificios históricos que desaparecieron con la construcción de la Gran Vía.
¿Qué parte de la ciudad se encontraba en manos de la Iglesia? Los documentos de la desamortización de Mendizábal, conservados en este archivo granadino, registran las propiedades que fueron en su día del clero. Junto a estos fondos se encuentran los manuscritos monásticos y conventuales, «donde existen numerosos testimonio escritos sobre las órdenes religiosas y las escrituras de propiedad de la Iglesia en Granada».
Una de las muchas curiosidades se refiere al documento firmado por la Duquesa de Sesa, «donde se recoge el testamento para crear un patronato dedicado a una orden religiosa». En este mismo apartado se incluyen los registros de las cofradías y hermandades de Semana Santa, cuando fueron creadas, quienes las componían, sus propiedades y demás información.
Patrimonio
Las comisiones provinciales de monumentos histórico-artísticos eran las encargadas de velar por el cuidado del patrimonio a través de sus actividades y de los informes no vinculantes que enviaban a la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Gracias a estas organizaciones se salvó gran parte del abandonado patrimonio artístico español. En Granada, la comisión estaba formada por un grupo de notables historiadores y especialistas como Gómez-Moreno y el Marqués de Gerona, entre otros.
Los archivos bibliográficos, documentales y fotográficos de esta institución se conservaron en el Museo Arqueológico de Granada y posteriormente pasaron al centro provincial. Estos fondos, que contienen la catalogación de edificios y piezas de interés artístico, permiten ver cómo fue ese patrimonio granadino perdido durante la construcción de la Gran Vía en el siglo XIX.
Gracias a las cerca de doscientas fotografías existentes y a las descripciones de la catalogación, hoy se puede ver la imagen del desaparecido Palacio de Cetti Meriem o el convento existente donde se encuentra el Banco de España, así como la Casa de la Inquisición. Los elementos de estos edificios pasaron al Museo de la Alhambra. Entre las actividades documentadas se encuentra el traslado del Arco de las Orejas desde Plaza de Bib-Rambla a los bosques alhambreños.
Los manuscritos más antiguos del Archivo Histórico Provincial proceden del hallazgo en Lanjarón, hacia 1832, de unos legajos en árabe, que el Marqués de Gerona cedió a la comisión.

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